martes, 23 de agosto de 2016

Emotiva disidencia estival

Principios inamovibles que crean suposiciones.
¿Y que hacer, cuando al amparo de las blancas olas solo se escucha al viento sollozar?
Y el miedo, teñido de malva, azul y rosa, dibuja sobre la luna una siniestra sonrisa que rima con tu mirada.
Dibujo sobre mi pecho letras descongeladas. Perdidas en el abismo de lo que queda atrasado.
Se guardan en el camino manchándose de la tierra del olvido, del sepulcral silencio que dominábamos.
¡Qué luz!
¡Qué días!
¡Qué vida!

viernes, 15 de enero de 2016

I.

¿Y a mi quién me ayuda?
Yo, que me perdí por mi insolencia.

¿Quién me recuperará y me enterrará?
¿Quién desechará la madera carcomida?

Si de la fe desproporcionada no quedan mas que ingratas fantasías.
Si en el fondo del vaso no hay mas que cristal tintado.

Pese a todos mis lamentos, no queda nada escrito en las paredes.
Manteniendo la distancia en el respeto de la noche.

Mezclados, pero separados por una temible brecha calcinada y consumida.
En cuyo humo veía visiones, indicios, de algo insólito, salvaje y destronado.

Los reyes de la noche ya no reinan.
Los días dorados y ominosos terminaron.
Las noches untuosas se avecinan.

Maclados, dijo, maclados en el cielo.

lunes, 11 de enero de 2016

Egonía

¿Qué más da perder las hojas de la ignorancia, al ser sumidas en las simas oscuras, de lluvias y lamentos insaciables?

De brillantes colores, verdes, azules y rojas, que lucen como las chispas de una aurora abrumadora.

Hojas que decaen como el viento entre mis ramas, entonando el tenue canto de las nupcias invisibles, tras exquisitos pinceles impregnados de envidia, tristeza y odio.

Trazos inevitables recorriendo mis miembros.

Mis brazos, convertidos en ramas.
Mis piernas, en raíces.

Y aquellos golpes que lanzabas a mi cuerpo, suenan secos, sordos, inertes y etéreos.

Y ya nada hace crujir la madera, que ya todo esta perdido.
Muerto.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Incógnitas

Llevo días soñando con tu cuello, retorciéndome en el deseo de ese cuello conocido.

Posandome en el umbral de lo escondido para evitar lo desconocido.
Para ponerle cara a mi fugaz sufrimiento.

¿Inhumano?
Nadie como yo para decir que sí a eso.

Al sueño de una noche inducida, al éxtasis, al furor, al drama.
Nada como el opio y el humo de otras personas.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Carta para Arturo

Me ha costado mucho tiempo darme cuenta de esto, y creo que aun así, todavía no lo tengo claro todo. Pero es imposible tener las cosas claras del todo. Siempre hay al menos un gramo de oscuridad dentro de nosotros.

He descubierto que ni te odio, ni te quiero. Solo sé que eres parte de mí.
Me he intentado deshacer de ti de todas formas posibles, pero por una razón o por otra, nunca lo he logrado.
Tenemos vidas ajenas, anticlinales. Impregnadas del sudor de cuando éramos uno solo. Uno solo.
Sé que habría echado de menos, si en algún momento te hubieses alejado. Si en algún momento me hubieses abandonado.
Pero no.

 Y ahora lo único que es tuyo y mío es nuestro siempre.

Hace mucho que el tiempo no pasa para tí, que no miras atrás, que no hay nadie a tu lado.
Salvo yo.

Yo soy el que escucha cuando cantas.
Yo soy el que respira cuando fumas.
Yo soy el que sufre cuando te encaprichas.
Yo soy el que sonríe cuando pierdes.
Yo soy el que se ríe cuando te duermes.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Otra más, de otro océano distinto

En un  mar de fotos oxidadas, de lágrimas, gritos y vacío.
Encuentro tu mirada perdida, inerte y etérea, buscando en mi lo que antes no encontraba.

Perdiéndose en el oscuro fondo de mi alma.

Ese eco del halo de un pedazo de estatua fraguada, en tiempo grana: cobriza.
Oxidada por efecto de mis lágrimas, de mi llanto.
Que como ola del más profundo océano, azota y pervierte las vetas coloradas.
Que ahora verdosas sufren de nuevo, mirando en otra alma.
Encontrando otra mirada

lunes, 30 de noviembre de 2015

En el séptimo vagon

He vuelto a entrar en el mismo espacio que estuve recorriendo a diario el último año.
Pero esta vez no estabas a mi lado.

Dejé libre a mi mirada y me permití el lujo de dejarla pasear por el vagón. Observando los detalles más inertes de todo aquello que me rodeaba, incluido el tenue reflejo que aparecía en el cristal, sombreado por la ausencia de luces del interior del túnel.

Me había puesto el gorro que tanto odiabas, del color que aborrecías con todo tu ser.
Me había pintado la cara con los suaves tonos de la felicidad.
Me había preguntado donde estaría mi reflejo.

En el séptimo vagón. Donde siempre estará y de donde nunca podrá salir.