viernes, 15 de enero de 2016

I.

¿Y a mi quién me ayuda?
Yo, que me perdí por mi insolencia.

¿Quién me recuperará y me enterrará?
¿Quién desechará la madera carcomida?

Si de la fe desproporcionada no quedan mas que ingratas fantasías.
Si en el fondo del vaso no hay mas que cristal tintado.

Pese a todos mis lamentos, no queda nada escrito en las paredes.
Manteniendo la distancia en el respeto de la noche.

Mezclados, pero separados por una temible brecha calcinada y consumida.
En cuyo humo veía visiones, indicios, de algo insólito, salvaje y destronado.

Los reyes de la noche ya no reinan.
Los días dorados y ominosos terminaron.
Las noches untuosas se avecinan.

Maclados, dijo, maclados en el cielo.

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