¿Y a mi quién me ayuda?
Yo, que me perdí por mi insolencia.
¿Quién me recuperará y me enterrará?
¿Quién desechará la madera carcomida?
Si de la fe desproporcionada no quedan mas que ingratas fantasías.
Si en el fondo del vaso no hay mas que cristal tintado.
Pese a todos mis lamentos, no queda nada escrito en las paredes.
Manteniendo la distancia en el respeto de la noche.
Mezclados, pero separados por una temible brecha calcinada y consumida.
En cuyo humo veía visiones, indicios, de algo insólito, salvaje y destronado.
Los reyes de la noche ya no reinan.
Los días dorados y ominosos terminaron.
Las noches untuosas se avecinan.
Maclados, dijo, maclados en el cielo.